Desde hace muchos años, las organizaciones del Estado, siguiendo el ejemplo de otras plataformas mayoritarias del ámbito internacional (especialmente en Europa), acogieron la propuesta de dejar de referirse a nuestro colectivo como “el colectivo gay”. El motivo fundamental era otorgar la tan merecida visibilidad al resto de realidades que integran la diversidad de nuestra comunidad, y se tomaron como criterios, la implicación, presencia, y grado de invisibilización, tanto en la sociedad como dentro del propio colectivo.
Por un lado, las personas trans veían como su realidad se veía, debido a la deficiente aplicación del lenguaje, ligada a la orientación sexual, cuando la identidad y la expresión de género son cuestiones completamente independientes. Por otro lado, las personas bisexuales reclamaban su espacio de visibilidad, a pesar de que, hasta el momento, la cuota de visibilidad que ocupan es mínima. Por último, y esto es lo realmente importante este año, las lesbianas veían como, a pesar de que teóricamente debían estar equiparadas socialmente a los gays, siempre quedaban relegadas al fondo del armario. Este año, en una iniciativa de empuje colectivo de las lesbianas, toman las riendas de la visibilidad y se ponen, como les corresponde, a la cabeza.
Así, el colectivo comenzó, desde las organizaciones a llamarse lésbico, gay, transexual y bisexual, o lo que es lo mismo, LGTB.
La pregunta del millón: ¿Por qué no puede la palabra ‘GAY’ abarcar a todo el mundo?
Existen numerosos motivos, pero intentaremos dejar una breve explicación. Hagan la prueba. Escojan a una persona al azar en la calle y pregúntenle la imagen que se le viene a la cabeza cuando oyen la expresión “gay”. Seguramente les responderá que imaginan a un hombre, probablemente jóven, la mayoría incluso avanzaría que es guapo y cachas además de economicamente, bien avenido.
Resulta que la palabra que debería identificar a nuestro colectivo, como hemos explicado tan diverso, donde hay gays barrigones, lesbianas a lo “Sharon Stone”, hombres trans con monos de mecánico, bisexuales con camiseta de algodón y el pelo revuelto, osos a los que les gusta el cuero, mujeres trans con zapatillas de andar por casa y un largo etcétera de imágenes que pueden ser representativas de nuestra diversa realidad, en el imaginario colectivo evoca una única y exclusiva imagen que no se corresponde con la mayoría.
¿Nos sentimos orgullosas y orgullosos el 28 de Junio?
Por supuesto. Es nuestra fiesta internacional. Es el día en el que rememoramos que gracias a nuestra rebeldía y el empoderamiento de aquellas primeras personas en el Stonewall Inn de Nueva York, somos más libres. Que gracias a las inciativas y el trabajo duro que muchas personas voluntarias realizan durante todo el año, tenemos los mismos derechos que el resto en este Estado. ¡¡Estamos orgullosísim@s!!
Pero…¿No era una manifestación?
Por supuesto. No sólo es una manifestación de nuestra alegría, de nuestra visibilidad y del trabajo que hacemos a lo largo del año. Es sobre todo, un acto reivindicativo en el que expresamos todas aquellas cuestiones que todavía nos afectan y nos preocupan en nuestros ámbitos geográficos. Mostramos nuestra solidaridad y denuncia de situaciones discriminatorias en el ámbito internacional.
Entonces…¿Qué concluimos?
Estamos orgullosas y orgullosos y vamos a gritar nuestras reivindicaciones al Orgullo Lésbico, Gay, Transexual y Bisexual. ¡¡¡EL ORGULLO LGTB!!! Y este año, por supuesto, ¡¡¡más lésbico que nunca!!!
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